domingo, 9 de octubre de 2011

Muérdago y belladona


Se dispuso a salir de la casa, armada con su saco y su hoz. Era bastante temprano y la brisa fresca de la mañana azotaba su cara. No reparó en que su gato, ese animal tan fiel que siempre la seguía a todas partes, había salido antes de que cerrara la puerta con un golpe seco. Todavía era difícil cerrarla, puesto que todavía no la había arreglado y era poco probable que lo hiciera. El gato no era un gato normal. Es bien sabido que los gatos no suelen ser compañeros fieles de la raza humana, pero este gato, como ya he dicho, no era normal. Había sido hechizado por una bruja, pero esa, es otra historia.

La mujer, después de tropezar con el felino se dispuso a retomar su camino, por aquel sendero angosto, lleno de hierbas y de piedras.

Después de mucho caminar, al final llegó a un pequeño claro del bosque. Se dispuso a examinar cada una de las plantas que allí había. No recordaba haber visto ninguna en el libro de su abuela y siguió buscando. Después de mucho caminar, encontró dos de las plantas que buscaba. Sacó la hoz de su cinto y cortó unas pocas ramas, las suficientes para elaborar aquella poción.


Una vez de vuelta en casa, después de lidiar con unos comerciantes que se encontró por el camino, dejó todo sobre la mesa. Encendió la chimenea y colocó la olla sobre el fuego. Salió de la casa y se dirigió al pozo, cubo en mano, para coger un poco de agua. Una vez que todo estuvo encima de la mesa, comenzó a releer el texto de nuevo:

"Hervir en agua hojas de muérdago y belladona. Cuando el agua esté hirviendo, se añaden unas gotas de aceite de olmo y sal. Se añaden unas ramas de una rosa de Jericó y se tapa la olla. En un mortero, preparar una mezcla de hojas secas de carballo y bayas deshidratadas de muérdago. Se añade lentamente a la olla, removiendo lentamente y mientras se pronuncian las siguientes palabras: "Admuriel vintis ad...."

Sobresaltada, miró por la ventana. Aquel ruído seco provenía de la parte delantera de la pequeña casa. Cogió la pequeña piedra blanca y se dispuso a salir por la puerta, no sin antes mirar al gato y decirle: "Espera aquí, Moruk". La puerta se cerró y ella se perdió en la oscuridad.

lunes, 2 de mayo de 2011

(‘ᴥ’)

Estuvo bastante tiempo pensando en lo mismo, en lo que había sucedido por la noche. No encontraba una sola razón por la cual todo aquello pudiera tener la más mínima lógica. Pero como era de esperar, no la encontró. Por más vueltas que le daba, no lo lograba entender. Lo caviló durante unos pocos minutos más y lo dejó. Aquello no era tarea para un domingo por la mañana, y menos después de la noche anterior. Había sido bastante ajetreada; sucedió de todo, además de lo que le ocupaba la cabeza. Se levantó de la cama, no sin antes apagar la radio, que se había encendido unas horas antes. Bajó por las escaleras hacia la cocina y cuando estaba a unos centímetros de la puerta, Patitas se abalanzó sobre ella.

- Ahora no Patt….

El cachorro se apartó y caminó a su lado durante el corto trayecto que las separaba de la puerta de la cocina. Ana comenzó a prepararse un café, y al tiempo que lo hacía, Patt se acostaba en el suelo y la miraba con cara de pena.

- No me mires así. Sabes que hoy no puedo conmigo.

La perra ladró y Ana se dio cuenta de la hora que era.

- Oh, no! Es tardísimo! Subiré a vestirme y te dejaré la comida.

Subió las escaleras corriendo y al cabo de unos minutos las volvió a bajar, entrando nuevamente por la cocina y dejándole la comida preparada al animal.

Salió por la puerta, no sin antes coger las llaves, y se dirigió al coche aparcado delante de la casa. Antes de subir, miró por última vez a la ventana de la cocina y pudo ver como Patt la despedía con un ladrido insonoro moviendo la cola.

El viaje nefasto

Solo quedan unas pocas horas para descubrir qué es lo que se esconde detrás de esa puerta. Todos estamos nerviosos, mientras tanto, yo escribo estas memorias en mi cuaderno. No lo podemos aguantar más, pero debemos hacerlo. Un solo paso en falso despertaría a la bestia que yace a nuestro lado, sumida en un profundo sueño. Recuerdo cuando nos embarcamos en esta aventura. Todos estábamos entusiasmados por lo pronto que había llegado ese día y por todo lo bueno que nos iba a suceder. Pero lo que no sabíamos, ni siquiera nos temíamos era todo lo que iba a suceder al llegar al lugar marcado en nuestros mapas. Muchísimas sorpresas, las suficientes como para hacer que ahora mismo nos hallemos escondidos en una cueva, esperando como unos idiotas a que una estúpida puerta de piedra se abra por arte de magia ante nuestras narices. Sólo falta decir: “¡Ábrete Sésamo! “,para culminarlo. Pero aquí estamos y nos toca esperar. Un segundo, oigo algo. (…) Sí, todos lo oímos. ¡Se puede apreciar como un mecanismo se pone en funcionamiento! Ahora mi deber es estar a alerta. Si conseguimos salir con vida de esta, continuaré describiendo nuestro viaje.

domingo, 1 de mayo de 2011

Tardes de café

-Cada noche, en la penumbra de mi habitación, puedo oír sonidos lúgubres que tranquilamente se pueden corresponder con las voces de las ánimas que acompañan a la Santa Compaña en su marcha por el mundo. Cada noche esta procesión se sucede por los lugares más insólitos, jamás vistos, aunque también cerca de nuestras casas, prefiriendo los bosques espesos como lugar favorito para realizar sus más tareas oscuras. Si eres tan desafortunado como para encontrártelos por el camino intenta que no te perciban y a ser posible, si llevas aceite, como es aconsejable, haz un círculo en el suelo y métete dentro. De esta forma serás inmune a ellos. Si eres dos veces desafortunado, te llevarán con ellos, liberando al anterior mortal. Tu tarea, como la del mortal predecesor, será la de portar la cruz que está presente en sus procesiones y seguirás con ellos hasta encontrar a otro pobre mortal perdido en el bosque.- María, hizo una pausa después de todo este discurso y cogió la taza de café, que estaba en la mesa. Bebió uno o dos sorbos y, dejando la taza, se dispuso a continuar. Su intento fue frustrado por su acompañante.


- Eso no son más que tonterías- dijo Pedro. Intentó medir sus palabras, porque sabía que su amiga era muy supersticiosa y todas esas cosas se las tomaba muy en serio. Pero él, no podía aceptar una leyenda como una realidad.- ¿ Te das cuenta de todas las tonterías que estás diciendo? Eso no puede ser verdad, ¡a no ser que sea una secta o algo por el estilo!

- Yo no puedo verlo de otra forma…

- Pues tienes que hacerlo. ¡Tienes que dejar de ver todo como si formara parte de un mundo mágico que ni siquiera existe! ¡Por favor!

- Muy bien, de acuerdo contigo, pero… ¿Qué me dices de los sonidos? ¡Eso no puede ser de este mundo!

-¿Te has planteado la teoría de tu vecino?

-¿La teoría de mi vecino?

-Sí, ese que ronca muy fuerte. ¿No te acuerdas que de una vez hubo un terremoto? ¡Pues todo el edificio le echaba la culpa! 

María esbozó una leve sonrisa y llevó otro sorbo de café a la boca.

Fisterra, alá onde o mundo remata, a fin do camiño...

*Mientras escribo esto, llueve otra vez. Se oyen truenos a lo lejos, pero es poco probable que nos alcancen, así que disfrutemos de esta melodía, pequeños golpecitos acompañados de un gran estruendo, combinándose y fusionándose en una dulce melodía que ameniza la tarde. Todo ello acompañado de un escenario insólito. La lluvia, con furia, golpea contra los tejados de todas las casas de la ciudad, ni uno solo se salva del aterrador ímpetu con el que las gotas se precipitan sobre nosotros. Oh! Precioso microclima el de Galicia! Mientras tanto, tú y yo en la habitación, nos encontramos, desencadenando una catástrofe...

*Llueve en Santiago otra vez. Llueve con fuerza. Veo el sol reflejado en el alféizar de mi ventana mientras escucho un trueno.  Coitado do que está agora mesmo na rúa!


*Solo recuerdo que era un fin de semana de mayo y llovió. Llovía a mares y tronaba como si el cielo se rompiera y se desplomara sobre toda la ciudad. Me hacía evocar tormentas de verano pasadas, pero que me llenaban la cabeza de buenos recuerdos. Solo recuerdo que era un fin de semana de mayo.



"Memorias de Santiago" :)