-Cada noche, en la penumbra de mi habitación, puedo oír sonidos lúgubres que tranquilamente se pueden corresponder con las voces de las ánimas que acompañan a la Santa Compaña en su marcha por el mundo. Cada noche esta procesión se sucede por los lugares más insólitos, jamás vistos, aunque también cerca de nuestras casas, prefiriendo los bosques espesos como lugar favorito para realizar sus más tareas oscuras. Si eres tan desafortunado como para encontrártelos por el camino intenta que no te perciban y a ser posible, si llevas aceite, como es aconsejable, haz un círculo en el suelo y métete dentro. De esta forma serás inmune a ellos. Si eres dos veces desafortunado, te llevarán con ellos, liberando al anterior mortal. Tu tarea, como la del mortal predecesor, será la de portar la cruz que está presente en sus procesiones y seguirás con ellos hasta encontrar a otro pobre mortal perdido en el bosque.- María, hizo una pausa después de todo este discurso y cogió la taza de café, que estaba en la mesa. Bebió uno o dos sorbos y, dejando la taza, se dispuso a continuar. Su intento fue frustrado por su acompañante.
- Eso no son más que tonterías- dijo Pedro. Intentó medir sus palabras, porque sabía que su amiga era muy supersticiosa y todas esas cosas se las tomaba muy en serio. Pero él, no podía aceptar una leyenda como una realidad.- ¿ Te das cuenta de todas las tonterías que estás diciendo? Eso no puede ser verdad, ¡a no ser que sea una secta o algo por el estilo!
- Yo no puedo verlo de otra forma…
- Pues tienes que hacerlo. ¡Tienes que dejar de ver todo como si formara parte de un mundo mágico que ni siquiera existe! ¡Por favor!
- Muy bien, de acuerdo contigo, pero… ¿Qué me dices de los sonidos? ¡Eso no puede ser de este mundo!
-¿Te has planteado la teoría de tu vecino?
-¿La teoría de mi vecino?
-Sí, ese que ronca muy fuerte. ¿No te acuerdas que de una vez hubo un terremoto? ¡Pues todo el edificio le echaba la culpa!
María esbozó una leve sonrisa y llevó otro sorbo de café a la boca.
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