"Ahora mismo, me encuentro sentada frente al mar, ese mar que tantas veces imaginamos y al que tanto anhelábamos ir. He logrado escapar pero no sé por cuánto tiempo lograré ocultarme. Esta es una carta desesperada, espero que consiga llegarte por los medios tradicionales. Brüel y yo llevamos tres días sin probar bocado, pero ella es más fuerte que yo. Cuídala por mi. Si logro escapar, nos reuniremos a las puertas de Handergroüb el séptimo día después del pleno lunar. Espero que estés bien y que no te hayan atrapado, la misión es lo más importante, pero también nuestras vidas. Sin nada más que decir, te hago llegar esta carta. Cuidaos.
Ginzë."
Ginzë enrolló la misiva y la ató a la pata de su halcón. Le acarició la cabeza y le dio un leve beso, antes de animarla a emprender el vuelo. Vio cómo se perdía en el horizonte y se quedó un rato más oteándolo. Después, comenzó a desprender calor y comenzó a arder. Un ave de extraordinaria belleza emergió del fuego y comenzó a lanzar llamaradas contra los hombres que comenzaban a llegar a la arena en ese momento.
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